El robo y posterior destrucción de un brazalete de oro perteneciente al faraón Amenemope ha generado una ola de indignación en Egipto. La pieza, de unos 3 mil años de antigüedad, estaba adornada con una cuenta de lapislázuli, lo que la convertía en un objeto de gran valor histórico y cultural.
Autoridades del Consejo Supremo de Antigüedades confirmaron que el brazalete fue extraído de un museo local y posteriormente fundido, con el fin de comercializar el metal precioso en el mercado negro. El caso encendió las alarmas por la fragilidad en la protección del patrimonio.
Expertos en arqueología advirtieron que la pérdida no solo es material, sino también un golpe al conocimiento sobre la historia del antiguo Egipto. Señalaron que Amenemope, perteneciente a la dinastía XXI, dejó pocas piezas en buen estado de conservación.
La indignación también alcanzó a la opinión pública, que expresó en redes sociales su rechazo a la falta de vigilancia y a la corrupción que permite el saqueo del legado egipcio. Muchos calificaron el hecho como una “tragedia irreparable”.
El Ministerio de Turismo y Antigüedades anunció que reforzará la seguridad en museos y sitios arqueológicos, además de intensificar la cooperación internacional para recuperar piezas robadas.
Arqueólogos locales exigieron sanciones ejemplares contra los responsables, al considerar que el robo y la fundición de la pieza representan un daño irreversible para la identidad cultural de Egipto y del mundo entero.
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