La Organización Mundial de la Salud (OMS) inició este lunes su asamblea anual junto a ministros de salud y representantes de gobiernos de todo el mundo, en medio de una de las peores crisis en sus 77 años de historia, marcada por los recortes financieros del gobierno de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump y los planes del país de salir de la organización.
Durante este año, la agencia de salud de la ONU ha visto cómo disminuye su capacidad para cumplir con su amplio trabajo, que incluye desde recomendar menos azúcar en bebidas hasta liderar respuestas globales ante pandemias como el COVID-19, o brotes como el ébola y la polio.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha tenido que enfrentar los recortes de EE.UU. y la reducción de aportes de otros países donantes, que ahora destinan más recursos a defensa que a ayuda humanitaria.
Según Matthew Kavanagh, director del Centro de Política y Salud Global de la Universidad de Georgetown, otros países han aprovechado el recorte de EE.UU. como pretexto para también disminuir su apoyo, sobre todo varios países de Europa.
“La OMS enfrenta una crisis existencial que va más allá del dinero. Está en juego si el multilateralismo puede funcionar para proteger la salud global en esta era de nacionalismo y desinformación”, advirtió Kavanagh.
“Millones de personas podrían morir innecesariamente si no se actúa, y los ministros de salud parecen incapaces de dar una respuesta clara”, agregó.
Pandemias y presupuesto, los temas clave de la asamblea
En la agenda de esta asamblea de nueve días, hay dos temas centrales: reforzar el presupuesto de la organización y mejorar la preparación mundial frente a futuras pandemias.
Se espera que los países acuerden un aumento del 20 % en las cuotas anuales obligatorias, lo que permitiría reducir la dependencia de las donaciones voluntarias, que cambian año tras año y representan más de la mitad del presupuesto de la OMS.
También se espera la aprobación del llamado “tratado pandémico”, una propuesta nacida tras el caos y la falta de coordinación durante el COVID-19. Este acuerdo busca asegurar que en futuras pandemias los países que compartan muestras de virus reciban acceso a las pruebas, medicamentos y vacunas resultantes. Además, la OMS tendría derecho al 20 % de esos insumos, para distribuirlos en países pobres.
“Esta es una asamblea histórica”, dijo Tedros en su discurso de apertura.
“El Acuerdo Pandémico puede hacer del mundo un lugar más seguro, porque fomenta la cooperación para prevenir y responder juntos a futuras pandemias”, expresó.
Sin embargo, la efectividad del tratado genera dudas, especialmente por la ausencia de Estados Unidos —país que invirtió miles de millones en vacunas durante la pandemia— y porque el acuerdo no incluye sanciones para quienes no lo cumplan, algo que debilita su aplicación real.
Kavanagh señaló que si se aprueba, el tratado podría representar una oportunidad histórica para los países del Sur global y demostrar que el liderazgo estadounidense ya no es indispensable en la salud mundial.
Recortes, reestructuración y protestas
Mientras tanto, la OMS ha iniciado un proceso de reorganización interna y ajuste de gastos. Su equipo directivo presentó un presupuesto de 4.300 millones de dólares para los próximos dos años, un 22 % menos de lo previsto originalmente, debido en gran parte a la caída en el financiamiento de países occidentales.
En una reunión reciente, Tedros anunció cambios en su equipo, incluida la salida del doctor Michael Ryan como jefe de emergencias. Además, confirmó que la OMS enfrenta un déficit salarial de más de 500 millones de dólares.
Aunque la organización ya cuenta con el 60 % de los fondos comprometidos para el nuevo ciclo presupuestario, aún enfrenta un hueco financiero de 1.700 millones de dólares.
En paralelo, el grupo CitizenGo protestó fuera del complejo de la ONU en Ginebra, donde se celebra la asamblea. Llevaban pancartas contra las “élites globalistas” y mostraban una imagen del director Tedros y Bill Gates, uno de los principales donantes de la OMS, rodeados de billetes.
“Después del COVID, la OMS quiere concentrar aún más poder”, dijo Sebastian Lukomski, activista de CitizenGo, acusando a la organización de querer recortar libertades y no aprender de los errores del pasado.
AP


